– ¿Estás nervioso? – me preguntó Graciela cuando estaba por subir al colectivo. No lo estaba, porque no estaba ahí. Mi consciencia se había tomado licencia sin justificación. Saludé, sonreí, bebi un sorbo de agua, y las ruedas giraron mientras empezaba a sonar en mi walkman la apertura del programa de Fernando… “tu maaadre… tiene bigoootes”. Entonces, todavía no me había ido.
Pasó un rato, una hora o menos. Poco tiempo si lo pienso, podría haberme llevado días o meses. La radio hablaba cosas interesantísimas del nuevo festival de audiovisuales de ARAN que me perderé nuevamente. Íbamos por Allen y la señal de fm se hacía débil, lo que me obligaba a buscar raras posiciones al mejor estilo “parabólica humana”. Fue con mucha interferencia, pero lo escuché todo. Fer no lo dijo al aire, pero se que fue para mi: Noelia cantó una canción hermosísima que despacito se fue diluyendo, suave, en mis oídos. Recién ahí supe que me estaba yendo.