(…) Esta noche, Michigan, le ganamos a una maquinaria y demostramos una vez más lo grande que es Estados Unidos. Porque ¿en qué otro lugar, en qué otro lugar que no sea Estados Unidos, un médico llamado Abdulrahman Mohamed El-Sayed, hijo de inmigrantes, criado por su padre y por una madrastra descendiente de la Revolución estadounidense, puede ser elegido senador por el mejor estado del país?
Intentaron confundirlos. Así que déjenme dejar algo en claro: amo a Estados Unidos. Sé exactamente lo que este país me dio. Lo vi de cerca en los viajes a Egipto, la tierra de mi familia. En un viaje de quince horas, atravesaba una diferencia de diez años en la esperanza de vida. Ni siquiera tenía que viajar quince horas: podía ir a Detroit o a Pontiac, a quince minutos de distancia, y encontrar esa misma diferencia. Por eso me hice médico. Estados Unidos me vacunó contra enfermedades que mataron a una tía y a un tío a quienes nunca llegué a conocer. Me dio escuelas públicas increíbles. Me dio una educación universitaria pública. Pagó mi formación médica a través de los Institutos Nacionales de Salud. Amo a Estados Unidos. Pero lo amo lo suficiente como para pedirle que sea Estados Unidos para todos sus hijos.
Porque Estados Unidos no es solo una bandera, no es solo nuestro rojo, blanco y azul. No son unas cuantas canciones patrióticas que cantamos, ni siquiera un territorio al que llamamos hogar. Estados Unidos son esas verdades que sostenemos: que todas las personas son creadas iguales y esos derechos inalienables que todavía luchamos por garantizar. La vida, la libertad, la búsqueda de la felicidad. Lo mejor de Estados Unidos reside en la audacia de atreverse a abrazar una contradicción: la de una unión más perfecta. Porque, aunque nada puede ser más que perfecto, asumimos la tarea de seguir perfeccionándonos.1 La grandeza de Estados Unidos vive en los momentos en que las personas libres se unen para ampliar ese espacio de libertad.
La grandeza de Estados Unidos es la lucha por borrar las consecuencias persistentes de la esclavitud, de las leyes de Jim Crow y de la segregación. La grandeza de Estados Unidos es la lucha por abrazar a toda su gente, sin importar cómo rece o si reza, a quién ame o cómo se identifique. La grandeza de Estados Unidos está en la lucha sindical en las fábricas para sacudirse el yugo de la codicia. La grandeza de Estados Unidos es la lucha por garantizar que todos tengamos la atención médica que necesitamos si nos enfermamos. Nuestra grandeza es la lucha por el aire limpio, el agua limpia y una buena vivienda. Nuestra grandeza es la lucha por igual salario a igual trabajo y por la plena libertad sobre nuestros cuerpos. La grandeza de Estados Unidos está en la fe que quien acaba de llegar a este país todavía deposita en la esperanza que Estados Unidos siempre representó.
La grandeza de Estados Unidos no consiste en ignorar nuestros defectos. Es el coraje que tenemos para corregirlos. Michigan, simplemente no debería ser tan difícil. No debería ser tan difícil comprar una segunda bolsa de comida o llenar el tanque. No debería ser tan difícil poder pagar una vivienda. No debería ser tan difícil ver a un médico en el país más rico y poderoso del mundo. No debería ser tan difícil pagar los impuestos y saber que ese dinero se va a gastar en ustedes y en sus hijos, en vez de tirar bombas sobre otras personas y sus hijos.
No debería ser tan difícil. No necesitamos “volver a ser grandes”. Necesitamos abrazar eso que siempre nos hizo grandes: la voluntad de ser más perfectos. Y ahora mismo eso significa enfrentarnos a las corporaciones, a los multimillonarios y a los grupos de poder que llevan demasiado tiempo amañando el sistema a su favor y en nuestra contra.
(…)
La belleza y el alma de Estados Unidos están en que nosotros, el pueblo, somos su razón de ser. Merecemos un país para todos sus hijos. Así que, Michigan, vamos a construirlo.
Muchísimas gracias.
juega con la frase a more perfect union («una unión más perfecta»), expresión del preámbulo de la Constitución estadounidense.
Posdata
Fragmento del discurso de victoria de Abdul El-Sayed tras derrotar a Mike Rogers en la elección al Senado por Michigan, el 4 de noviembre de 2026. Traducción al español a partir de la transcripción completa publicada por Rev.
Video del discurso completo, publicado por C-SPAN:
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